En esta tarde, estás allí,
Te veo y nace el fantasma de ese amor,
es tarde, deprime
y estás allí.
Las nubes no pueden eclipsar mi pensamiento.
el días se volvió noche
y no veo, no siento.
Sordo de aquello que no fue,
no sé si es tristeza,
sólo conozco bronca
verte volar a cada jaula,
sin verte,
cuánto mal te estás haciendo
y no poder salvarte
me mata.
Y mi odio sintió pena,
pena de verte
y no estás.
Antonio Moreno
lunes, 26 de marzo de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
La narración como terapia para sanar heridas del alma (artículo enviado)
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| En este artículo la Lic. Glenda Valle reflexiona sobre la capacidad de la narración para superar las adversidades y desarrollar nuestra fortaleza interior |
Las personas que buscan una ayuda terapéutica experimentan en sus vidas un grado de malestar (más grande o más pequeño); y por alguna razón tienen una perspectiva de su propia vida muy negativa. Parece como si se estuvieran proyectando una película dramática. Y muchas veces la proyectan una y otra vez, casi compulsivamente…
En el terreno de la narración, son los protagonistas de una historia en dónde el problema es demasiado grande para vislumbrar una solución. El cuento no termina, el desenlace no llega. Esto produce frustraciones, angustia, tristeza y otras emociones similares.
Pero, ¿qué pasa cuando vemos al mismo cuento desde otra mirada o perspectiva diferente? Podría ser por ejemplo: dejar de verse como el personaje que sufre para ser el héroe que se encuentra en proceso de búsqueda, que es artífice de su propio destino… y finalmente encontrará el tesoro perdido...o anheladamente buscado...
Ahora bien, tenemos un pasado y un presente. Solo podemos modificar el presente, después el futuro aparecerá como una consecuencia de este.
La narración, el comenzar a escribir historias, cuentos, poesías, permite transformar el malestar. Puedo empezar a escribir una historia "alejada" de mi realidad, y después comenzar a acercarme a la misma...
De cualquier forma será una experiencia maravillosa en dónde pasaría, de una posición pasiva a una activa. Narrar historias se convierte en una experiencia sanadora en dónde el otro (terapeuta) estará allí para posibilitar el encuentro con nuestras propias “sombras” y sacarlas a la luz.
En realidad no importa tanto el problema sino la solución que el mismo tiene, o lo que es lo mismo; a qué solución puedo llegar yo.
Algunos terapeutas narrativos invitan a escribir una historia sobre este problema planteado (y su solución). Otros invitan a relatar historias, en dónde esa realidad fantaseada siempre tiene algo de su narrador.
Algunos terapeutas narrativos invitan a escribir una historia sobre este problema planteado (y su solución). Otros invitan a relatar historias, en dónde esa realidad fantaseada siempre tiene algo de su narrador.
Será la persona que consulta quien elaborará las conclusiones. De cualquier modo, la narración será el medio para expresar y sanar, algunas heridas del alma.
Por último, les dejo un pequeño poema, relacionado con las mujeres y el encuentro con su naturaleza primitiva, salvaje, en lo más hondo del alma:
…una noche
se oye un latido en la puerta.
Fuera, una mujer en la niebla
con cabellos de ramas y vestido de hierbas,
chorreando verde agua del lago.
Dice: “Soy tú
y vengo de muy lejos.
Ven conmigo, quiero mostrarte una cosa…”
Da media vuelta para marcharse, se le abre la capa.
De pronto, una luz dorada…una luz dorada
por todas partes…” (Fragmento del poema “La mujer que vive en el fondo del lago”, Clarissa Pinkola Estés)
Lic. Glenda Valle M.P. 3933
Psicoterapeuta Sistémica
Etiquetas:
narracion,
resiliencia,
sanación,
terapia
lunes, 23 de enero de 2012
Una poesía de Antonio Moreno
A TÍ
En la sombra de tus pasos
siempre una mirada,
la mirada brillante que dibuja tus pasos,
uno a uno,
contándolos día a día.
estudiando por momentos,
¿Cómo llegar junto a ellos
y ver las puntas de tus pies
frente a frente a los míos?
Te veo, lunes a lunes,
¡tan cerca! sólo me atrevo
a mirarte, y con eso, te acaricio.
Conservo tu voz de alondra
acariciando mis oídos,
cuando tímidamente
me brindas tu saludo.
No sé quién eres,
pero sé tu nombre;
no sé de adónde has venido,
pero te veo como un hada,
que apareció de las sombras,
para ablandar este corazón,
que hace días, fue de roca.
En la sombra de tus pasos
siempre una mirada,
la mirada brillante que dibuja tus pasos,
uno a uno,
contándolos día a día.
estudiando por momentos,
¿Cómo llegar junto a ellos
y ver las puntas de tus pies
frente a frente a los míos?
Te veo, lunes a lunes,
¡tan cerca! sólo me atrevo
a mirarte, y con eso, te acaricio.
Conservo tu voz de alondra
acariciando mis oídos,
cuando tímidamente
me brindas tu saludo.
No sé quién eres,
pero sé tu nombre;
no sé de adónde has venido,
pero te veo como un hada,
que apareció de las sombras,
para ablandar este corazón,
que hace días, fue de roca.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Fiestas: Momento para cultivar nuestra solidaridad
ESTA NAVIDAD, PODÉS HACER
ALGO POR QUIENES MÁS LO NECESITAN
martes, 29 de noviembre de 2011
¿Qué hice yo para estar así?
Hace justamente un año
en esa tarde sombría
una llamada maldita
detiene toda mi vida.
Cada lágrima derramada.
cada historia conquistada
cada lugar que miraba,
cada sonrisa lograda,
se fundieron esa tarde
entre sorpresa y horror.
Mas aún vivo aquí estoy.
con mas proyectos que nunca
y con eso te digo adiós
y respondo la pregunta.
Carlos Romero
en esa tarde sombría
una llamada maldita
detiene toda mi vida.
Cada lágrima derramada.
cada historia conquistada
cada lugar que miraba,
cada sonrisa lograda,
se fundieron esa tarde
entre sorpresa y horror.
Mas aún vivo aquí estoy.
con mas proyectos que nunca
y con eso te digo adiós
y respondo la pregunta.
Carlos Romero
Poema 14
Utopía sutil
Vestida de juegos, de flor y de agua
De luz, de fragancia
Y a nada te pareces desde que él te ama
Tendida entre guirnaldas
Escribiste su nombre
Y a nada te pareces
En el silencio tuyo
Los pájaros y el viento
Fuerza del hombre
La tempestad agitaba
Y las alas al viento
Cual cáscara de nuez
En los mares del cielo
Estás aquí y te quedas
Junto a su trébol como mansedumbre
Te pareces al sueño
Sola y salvaje
Te pareces al amor y la melancolía
Carlos Romero
Vestida de juegos, de flor y de agua
De luz, de fragancia
Y a nada te pareces desde que él te ama
Tendida entre guirnaldas
Escribiste su nombre
Y a nada te pareces
En el silencio tuyo
Los pájaros y el viento
Fuerza del hombre
La tempestad agitaba
Y las alas al viento
Cual cáscara de nuez
En los mares del cielo
Estás aquí y te quedas
Junto a su trébol como mansedumbre
Te pareces al sueño
Sola y salvaje
Te pareces al amor y la melancolía
Carlos Romero
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Mi barrio
Para mi abuela Estela y su hijo Black
En mi barrio hay un auto destartalado donde viven dos gatos. A veces me gustaría ser como los gatos y andar por las cornisas, arañando el cielo sobre los tejados.
En la esquina de mi casa hay una verdulera amable que siempre dice mi nombre cuando me ve doblar la cuadra. Adoro ver el color de las naranjas o las mandarinas en otoño y a veces dejo mi huella posada sobre una de ellas (sin que esta señora lo sepa).
De noche, me tiritan los huesos del dolor y mi mamá me prepara leche tibia antes de dormir. De día, salgo a pasear por las calles, miro la gente pasar. Soy muy sociable con todos, pero odio ver a los extraños.
En la plaza, me gusta sentarme sobre el pasto mojado del rocío de la mañana y observo llegar los chicos a la escuela.
Para ser un anciano, aún puedo hacer muchas cosas, como asustar a los niños que intentan jugar a la pelota en mi cuadra.
Todavía conservo mi figura y el prestigio de mi estirpe que, aún callado, inspira respeto sobre los demás.
Sobre la calle Puerto de Palos, vive un delincuente, yo lo he descubierto en una de mis caminatas nocturnas. Tiene amores con la vieja siniestra de la Paysandú.
Ahora estoy solo en casa y percibo la llegada de este hombre. Sé que es él y que quiere hacerme algún daño, tengo el instinto de ello.
Sigilosamente me oculto entro al cuarto de mamá y, con cautela, oigo cómo desordena y acarrea cosas valiosas que pretende llevarse. Me duelen los huesos y tengo varias muelas careadas, pero aún escucho muy bien.
Él hombre entra a la habitación y me descubre debajo de la cama, nos miramos fijamente. A mí se me eriza todo el cuerpo. Él hombre pretende ignorarme, descree de mi capacidad para interferir en su macabro plan.
Entonces, con todas las fuerzas de mi ya añoso corazón me abalanzo sobre él y clavo mi mandíbula sobre su pierna. En eso llega mamá y corre asustada por los gritos del delincuente que escapa por la puerta entreabierta acarreando una pierna ensangrentada.
En mi barrio hay muchos tránsfugas, pero un viejo setter irlandés como yo, todavía conserva sus artimañas.
Mariana Valle
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